Una de las primeras ideas que teníamos al abrir nuestro estudio, bueno, más que idea quizás sería mejor decir ilusión, era convertirnos en fotógrafos de familia: igual que tienes una librería, una farmacia o una peluquería de confianza, pues que cada vez que alguno de nuestros clientes tuviese que hacerse una foto, acudiese a nosotros.

Desde un carnet, una boda, un embarazo o una comunión, hasta cualquier momento de sus vidas, porque ahora que tenemos una normalidad tan diferente a la anterior, cada pequeño paso que damos o cada acto cotidiano cobra especial valor.

Y poco a poco desde hace más de diez años lo estamos consiguiendo. Prueba de ello es el ejemplo que os traemos al blog: Dani.

Sus papás fueron “novios nuestros “, vinieron para sus fotos de pasaporte para el viaje de novios, para renovar su dni…y un día nos dieron la mejor de las noticias, pronto serían tres.

Todavía no sabían si iba a ser niño o niña, así que le llamábamos por sus apellidos, todo muy formal, jajaja.

Cuando concertamos la cita para su sesión de embarazo, ya sabíamos que venía un chico y por fin le empezamos a llamar por su nombre y a esperarlo cada vez más ilusionados.

Y llegó Dani, el primero de su nombre, rey en el norte y señor de Mordor…un amor con todas las letras, tan bonito con esos rollitos en los brazos y en las patolas…y tan tan expresivo que podemos estar horas haciéndole fotos cada cual más chula.

Lo tuvimos de bebé, de meses y en su primer cumpleaños, un privilegio poder verlo crecer a través de nuestra cámara. Cada sesión es tan divertida y a la vez tan cómoda que solo podemos darles las gracias a Iria y Fer por su confianza y aplaudir cada vez que nos dicen que vuelven.

Deseando achucharte de nuevo Dani que también eres un poquito nuestro… ¡guapo!.